March 14. 2025 | Translated by Jaime González
El presidente estadounidense Donald Trump está fomentando el caos. Su objetivo es enriquecer tanto a su persona como a sus compadres empresariales, aún a costa de volverse contra antiguos aliados capitalistas de Estados Unidos. La clase trabajadora y las personas de bajos ingresos seguramente serán las más perjudicadas en la infernal guerra arancelaria de Trump. ¿Qué debemos hacer?
Comencemos por rechazar la demagogia nacionalista. La élite gobernante canadiense es imperialista por derecho propio, está al mando de algunas de las mayores corporaciones del mundo, especialmente prominentes en los sectores de la banca, la minería, los recursos energéticos, la silvicultura, el comercio minorista y la manufactura. Como era de esperar, el capital estadounidense codicia esa riqueza a medida que la participación de Washington en la producción global y el dominio militar están disminuyendo en comparación con otras potencias. Este es el contexto de las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump de “anexionar por la fuerza” Groenlandia y el Canal de Panamá, y de absorber mediante “presión económica” al Estado canadiense y sus riquezas.
Trump tiene en la mira los recursos naturales de Canadá y México, y pretende que los altos aranceles con los que está amenazando obligarán a las empresas estadounidenses a trasladar las plantas de producción que poseen al norte y al sur de las fronteras de Estados Unidos, bajo la ilusión de reducir los déficits comerciales que actualmente tiene con sus vecinos. Una amenaza importante es el arancel del 25% que Trump impuso a las importaciones a Estados Unidos desde Canadá, México y (10%) desde China, aunque con una desconcertante gama de exenciones que parece cambiar a diario. Una amplia gama de economistas ha advertido que las desastrosas experiencias de la Ley Arancelaria McKinley de 1890 y la Ley Smoot-Hawley de 1930 muestran claramente que los aranceles, como los que favorece Trump, son altamente contraproducentes y, en ambos casos, contribuyeron fuertemente a graves recesiones económicas.
Las exigencias de Trump de frenar la migración “ilegal” y el tráfico de drogas en los puntos fronterizos, junto con las exigencias de que Ottawa aumente el gasto militar y su membresía en la OTAN, tienen poco que ver con la actual guerra comercial. Cómo es que una profunda recesión en América del Norte podría inducir a las empresas a reubicarse en Estados Unidos es, para decir lo menos, poco claro.
En lo que respecta a las condiciones sociales, ¿cuán atractivo resulta para los potenciales inversionistas el colapso de los sistemas de salud pública, educación y transporte de Estados Unidos, su creciente desigualdad, el aumento de la población indigente, la inminente crisis climática y sus guerras perpetuas, para no mencionar su complicidad con el genocidio sionista?
Al norte y al sur de las extensas fronteras, y a nivel global, se intensifica la rivalidad interimperialista. Mientras los gobernantes capitalistas afilan sus cuchillos, a riesgo de fomentar una mayor inestabilidad global y provocar una profunda dislocación (como fue el caso del proteccionismo tóxico de las décadas de 1890 y 1930 que hemos mencionado), Ottawa y los políticos tradicionales promueven que la población se ponga la camiseta del “Equipo Canadá”. Pero como todo trabajador sabe, hay dos Canadás: una para los ricos y otra para todos los demás. Lo mismo ocurre con la división de clases en México y Estados Unidos.
Una guerra comercial perjudica a los trabajadores de todos los bandos. El proteccionismo es enemigo de los empobrecidos e indefensos. El Equipo Canadá es una manera de disfrazar el robo social. La alternativa es el Equipo de la Clase Trabajadora, cuyo objetivo debería ser la propiedad pública, el dinero para el empleo y la justicia, no para la guerra y la OTAN. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, tenía razón al pedirle a Trump que impidiera a los fabricantes de armas estadounidenses enviar las enormes cantidades de armamento que utilizan los capos de la droga en su país.
El Congreso del Trabajo Canadiense y su afiliado, el Nuevo Partido Democrático, deberían construir activamente una alianza con sindicatos y movimientos populares en Estados Unidos y México para resistir el proteccionismo de la guerra comercial.
Las invocaciones al nacionalismo burgués contienen una buena dosis de veneno, al igual que la propaganda de Trump para que “Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grande” (MAGA, por su siglas en inglés). La base del progreso social es el internacionalismo, no la supuesta autodeterminación de estados opresores y colonizadores.
Los socialistas en Canadá, México y Estados Unidos decimos: Defendamos la soberanía popular. Rechacemos la anexión bajo los términos de los multimillonarios gobernantes. EUA fuera de Panamá y de Groenlandia. Fin del embargo a Cuba y Venezuela. Recortemos todos los gastos militares. Miles de millones o billones de dólares para atender las necesidades humanas: Ni un centavo para la guerra. Abolición de la OTAN.
Exijamos el fortalecimiento de los ingresos de los trabajadores afectados por la guerra comercial. Logremos que el seguro de desempleo sea más accesible y generoso. Aumento al salario mínimo a 25 dólares canadienses y 17 dólares estadounidenses por hora. En México, los sindicatos y las organizaciones laborales deberían obligar al gobierno a implementar un programa de aumento salarial para reducir la enorme brecha con sus compañeros y compañeras trabajadoras en Canadá y Estados Unidos.
Gravar a los ricos. Abrir los libros contables corporativas. Nacionalizar bajo control obrero las grandes empresas que cierran debido a los aranceles. Reequipar la producción para satisfacer las necesidades humanas, como viviendas decentes, escuelas, hospitales y transporte público masivo, adaptadas a los ingresos y con alquileres bajos.
Los gobernantes capitalistas han convencido, por el momento, a muchos trabajadores de que no les queda otra opción que responder a Trump con aranceles recíprocos, incluyendo las exportaciones de energía a Estados Unidos. Sostenemos que la unidad de la clase trabajadora en acción es la respuesta correcta. Huelgas masivas y coordinadas de trabajadores mexicanos, estadounidenses y canadienses contra la patronal, contra los grandes monopolios alimentarios, minoristas y financieros, y contra las gigantescas industrias bélicas son el camino a seguir. Frenemos a los especuladores. Reemplacemos a los promotores de la guerra comercial con un Gobierno Obrero.
¿Es posible una amplia cooperación y la unidad de la clase trabajadora en todo el hemisferio occidental? Sí. ¿Pero cómo? Seguramente implicará una transformación radical del liderazgo sindical, que debe reconstruirse desde abajo.
En Canadá existe un partido socialdemócrata de masas vinculado al movimiento obrero. El espejismo de capitalismo sustentable promovido por sus líderes podría verse destrozado por la inminente recesión. En Estados Unidos, los trabajadores están, en su mayoría, políticamente desvinculados o cautivos de los partidos gemelos de Wall Street y el Pentágono. La construcción de un partido obrero independiente es esencial. En México, las ilusiones en el nacionalismo de izquierda deben ser suplantadas por el antiimperialismo socialista. Una lucha decidida desde las bases contra los jefes de las guerras comerciales impulsará considerablemente todos estos objetivos. Juntos, venceremos.
12 de marzo de 2024. Solidariamente:
Socialist Action / Ligue pour l’Action Socialiste, en el Estado Canadiense. socialistaction.ca
Liga de Unidad Socialista, México.
Socialist Action, USA. socialistaction.org